Las fiestas más sosas que se conocen
El ánimo de los jóvenes para celebrar la fiesta de su pueblo, la ilusión de la niños porque llegaran las fiestas, las ganas de los mayores para reunirse, charlar y disfrutar de algo distinto, se han visto truncadas por unas pésimas organizaciones de los festejos en honor de Nuestra Señora de la Asunción en Vega de Santa María.
Sin capacidad organizativa, los responsables municipales han pasado de puntillas por unos eventos que, o no se han celebrado, o cuya celebración ha dejado mucho que desear estando muy por debajo de lo que el público esperaba.
Nunca en la Vega las fiestas fueron tan faltas de alegría, de animación y tan pésimamente organizadas como las de este año, donde el concejal de Cultura ha estado desaparecido, el alcalde camuflado y el resto de la corporación ausente del lugar donde debían estar: en la celebración de los festejos.
El teatro del jueves fue una tomadura de pelo, no sólo por las frías temperaturas que redujeron el aforo de espectadores, sino porque la obra que representaban no tenía un argumento acorde al nivel teatral al que a los ciudadanos de la Vega se les ha acostumbrado en otras épocas. Lo cierto es que la Caja de Ávila patrocinadora del evento, envío un compañía que poco o nada tenía que ver con la que el público había pedido.
La disco móvil de después fue un gasto innecesario porque nadie disfrutó de ella, cuando lo deseado era algún tipo de comida popular que hermanara, uniera e hiciera de este pueblo una entidad común.
Si un acierto ha habido ha sido entregar camisetas con el nombre del pueblo a los niños, que todavía se preguntan de dónde y por parte de quién les ha venido el regalo.
El programa cada año se repite con monótona insistencia, pero la novedad es que este año no se han celebrado los eventos anunciados, como la guerra del agua o el fútbol..
Sin embargo el público quería fiesta, quería disfrutar, y ha llenado la plaza en los dos días más importantes, bailando hasta altas horas y disfrutando de la música, aunque, dicen las malas lenguas, que la orquesta del viernes tocaba sobre acordes pregrabados.
Sólo las procesiones y actos religiosos han mostrado la espiritualidad de este pueblo al acudir masivamente a ellos, pese a que el sacerdote reinventara la hora de celebración para estar al nivel de los festejos anunciados en el programa.
