Las casas y las calles de Vega de Santa María
Estas son las casas de nuestras calles, que veremos próximamente. Si deseas que aparezca tu casa o la de tus abuelos, pídenoslo en revista@tuvilla.com. ¡Las tenemos todas!
¡Una casa en la Vega! es un lujo al alcance de pocos: poder disfrutar de nuestro pueblo y de un ambiente rural tranquilo y amable, con el contacto con la naturaleza...
VEGUEROS: 
Vegueros es nuestro gentilicio. De La Vega son gentes importantes, agricultores constantes y sacrificados, ganaderos, constructores, fieles empleados, militares valientes, industriales afamados, hombre públicos y mujeres abnegadas. Madres y padres de los mejores profesionales que hoy rinden en empresas de nuestro pais, cuya sangre procede de este lugar, del que sus antepasados tomaron el mismo agua para la sed, que hoy corre por nuestras fuentes, y cuya piel se curtió en nuestros campos bajo el mismo sol que hoy nos alumbra.
Las gentes de La Vega tienen ese algo especial que no les hace olvida nunca su pueblo, su origen y sus antepasados. A ellos les toca ahora defender este lugar con la memoria, transmitir a sus hijos sus mismas sensaciones y educarles con la mirada puesta en su genealogía.
De La Vega son famosos los productos de su campiña, como los garbanzos, hoy cultivados por mera simbología, las sandias y melones, de sabor inigualable en los mercados españoles y sobre todo, el vino, nacido y criado en sus famosas laderas y mimado y elaborado en las bodegas que cada casa tiene bajo sus cimientos.
Demasiada grandeza para quedar este pueblo olvidado entre la maraña de un mapa, donde es imposible recoger el cariño que sus gentes tiene a este emblemático lugar, que sin dudar es el mejor de España.

A LA IGLESIA DE LA VEGA.
Javier Jiménez Canales
En medio del campo aparece dominante, solitaria, elevada sobre un pequeño cotarrillo. Tiene una torre con cuatro huecos: son ventanas; en dos de ellas aparecen unas campanas que hace muchos años que no tañen. Las tejas, aún bien colocadas, se asoman desde el alero del tejado desde lo más arriba de la torre. Al final es coronada por una veleta, de hierro seguramente. En otra época giró, pero hoy, y desde hace también mucho tiempo permanece inmóvil. A una esquina hay un nido de cigüeña: está vacío, espera tal vez la llegada de San Blas.
Un atrio cerca el recinto sagrado. Esta fabricada con piedras coronadas por adornos graníticos, que aparecen cada diez o quince metros, como murallas, de no ser por su poca altura.
Encierra el cementerio como símbolo de ausencia de vida
La parte trasera es un ábside de ladrillo, circular de corte mudéjar. En otro tiempo debió tener brillo y vida. Encima de las filas de ladrillo continúa la construcción granítica, con piedras del lugar. Son frías, seguro.
Otra veleta la corona, también inmóvil. Su color rojo destaca desde lejos y agrada al ojo humano.
Unas nubes en el cielo nos sugieren la época del año y el sol ausente la temperatura.
El cuerpo de la nave es frío y sólido, un tanto alargado y alto, y la zona de sombra peca de austeridad, así sin adornos, como si la hubieran terminado con prisas.
El suelo es árido, de color amarillo, ocre, marrón claro, aunque se ve poco, está reducido cortado.
Nada nace.
Nadie ha estado allí desde hace mucho.
No hay ruidos, ¿para qué? Los ruidos no se plasman en las fotografías y esta lleva mucho tiempo perdida en mi cajón.
